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Espiritualidad: En el largo camino del amor
Viernes, 26 de febrero de 2016, 12:00 horas

María Teresa González Maciel

Muchas parejas experimentan una gran desesperación que no permite que aflore lo mejor de cada uno, pues ambos se empeñan en formar un Matrimonio de acuerdo con sus propias normas, y no con las de Jesús.

Lo queramos o no, todos los seres vivientes en el planeta tierra venimos del amor.

Para los que tenemos la certeza de que Dios existe, nuestra vida inicia en el pensamiento de Nuestro Creador, que amándonos nos crea, y que creándonos nos manifiesta su amor eterno. Y por Él, nuestra vida matrimonial se puede convertir, si así lo decidimos, en la más hermosa aventura, en una búsqueda continua de ese Amor primero, puro y original.

El problema es que no siempre seguimos la guía adecuada ni permanecemos en la fuente de ese amor. En ocasiones, el Matrimonio se encuentra sumido en una zona pantanosa de la que parece imposible salir. Y ni siquiera tenemos la capacidad de preguntarnos cuál fue la ruta que nos llevó a ese lugar de hastío, dolor, desgana, indiferencia, infidelidad y cansancio; o por qué comenzamos a caminar un día por un desierto devastado, lleno de serpientes, tormentas de arena, climas extremos y lejanía. En estos casos, lo que la pareja experimenta es una gran desesperación que no permite que aflore lo mejor de cada uno, pues ambos se empeñan en formar un Matrimonio de acuerdo con sus propias normas, y no con las de Jesús.

Otros Matrimonios, en cambio, deciden hacer de Jesús su guía y compañero, gozan de una mutua gran amistad, confianza y complicidad, cosas que dan solidez a la pareja, pues ésta se alimenta del Manantial del Amor, demostrando que todo es posible con la gracia de Dios, quien pone a nuestros pies un camino florido que Él mismo nos creó para ser felices, a pesar de las tormentas o dificultades. Dios, como gran Maestro y Padre, no sólo nos indica las señales del camino, sino que nos acompaña y nos ayuda a recorrerlo, poniendo a nuestro alcance el equipamiento adecuado.

Algunos accesorios necesarios para el recorrido son:

1. Bastón. Es importante como punto de apoyo; aquí es fundamental la fe en Jesús, que nos sostiene y nos da seguridad en los tramos tortuosos, sobre todo en las bajadas, que las habrá a todo lo largo del camino.

2. Botas. No dejarnos guiar sólo por los sentimientos, ya  que el camino es largo y un día necesitaremos andar entre la lluvia, las piedras, el terreno escabroso.

3. Mochila. Debemos llevar una mochila que pueda echarse a la espalda, y en ella podemos incluir un botiquín para suavizar, perdonar, comprender, sanar las heridas y raspones producto de la convivencia diaria.

4. Ropa para frío y calor. Usar una u otra según los tiempos; es decir, necesitamos mudas para adecuarnos tanto a las inclemencias del tiempo como a los días soleados y alegres. Debemos estar conscientes que siempre habrá de ambos y prepararnos.

5. Impermeable y paraguas. En las épocas más lluviosas debemos cuidar el amor que le profesamos al esposo o esposa; son momentos de valorar y custodiar ese amor predilecto, no exponerlo a situaciones de riesgo y buscar proteger en primer lugar a la pareja de factores externos (terceras personas o entretenimientos individuales que distraigan al cónyuge del camino).

6. Teléfono móvil. Buscar la forma de mantener siempre el diálogo y la cercanía. (Hay que apagarlo a veces para permitir silencios en los que se pueda manifestar el amor con un abrazo o una simple mirada.

7. Linterna. Para enfocarnos en lo positivo de la persona amada, y en los momentos agradables que se han vivido a lo largo del camino.

8. Identificación personal. Es necesaria para no olvidarnos de nuestra identidad, recordando que somos hijos de Dios y buscando ver siempre a Jesús en la persona amada. Valorar el regalo que Dios nos da en esa persona, diseñada en forma única e irrepetible, para compartir contigo toda su riqueza interior.

9. Despertador. Que nos alerte para hacer pequeñas valoraciones, ya sean diarias, semanales, mensuales o anuales. Diagnosticar cómo se va realizando la jornada o cómo marcha el proyecto de vida, a fin de que jamás se nos haga tarde para dar solución a algo.

10. Dinero. Hacer depósitos constantes a nuestra relación, se pueden abonar sonrisas, muestras de agradecimiento, piropos, detalles, ternura, comprensión, descansos y momentos compartidos. Cuando esta cuenta bancaria esta nutrida, nos puede sacar de apuros en los momentos complicados del camino.

No importa qué tiempo lleve el Matrimonio, siempre es buen momento para evaluar cuántas de estas cosas ya se tienen, y adquirir las que no, esforzándonos día con día para seguir en el camino que en un momento de nuestras vidas elegimos con tanta ilusión.
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