Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

EL DOMINGO PASADO se organizó una colecta especial para los damnificados por los recientes sismos -¡bien!-, y hay que recordar que apenas sucedido el terremoto se pusieron en marcha tantas actividades para manifestar la caridad y cercanía de parroquias y movimientos, de grupos de oración, de catequistas, monaguillos, coros, ancianos, jóvenes, etc., y hasta tengo la gran y bella sospecha que sacristanes y secretarias de parroquias trabajaron horas extras con generosidad en atención a la emergencia… ASÍ QUE LA COLECTA realizada viene a ser un punto más –importante como todos– en la proyección caritativa de la Iglesia y de tantos otros –más allá de la misma Iglesia- que la tienen como referencia segura para encauzar eficazmente la ayuda; si alguien se anima a contar los centros de acopio que siguen funcionando a la fecha, sin duda se dará cuenta que un buen número se ubican en ambientes parroquiales… Y LO ANTERIOR lo comento sin ningún dejo de competencia o desafío, ¡no!, porque para quien acepta la enseñanza de Jesucristo la caridad no consiste en cantidades o lucimientos, sino en la apertura del corazón generoso al encuentro del hermano; para quien sigue a Jesús de Nazaret es un imperativo mostrarse cercano al necesitado aunque nadie lo note ni lo sepa… Y PARA QUE NO HAYA duda de lo anterior les cuento: visité una parroquia en ambiente de fiesta patronal (el domingo pasado) y ahí estaba platicando yo con el párroco a media calle, a medio desayuno, a media kermesse, y ya casi a mediodía, cuando se acercó una familia muy entera –papá, mamá y dos muchachitos- que no tenían mínimos visos de qué poder adquisitivo para decirle al señor cura: “Padre, ya estuvimos en la Misa y dimos nuestra cooperación para los damnificados, pero con Usted venimos a traer nuestra colaboración para la fiesta” y le entregaron un billete que no era de plástico, y más que entregar el billete, entregaron su corazón de familia… TE ANIMO PARA QUE si vas a ser generoso, no te midas con pretextos, no antepongas tu comodidad, no avientes a otro por delante de ti; buen ejemplo nos han dado tantos pobres en su generosidad y apertura, como para que los que necesitamos ser pobres sigamos de tibios y hasta de indolentes… QUE NO SE NOS OLVIDE que la vida debe continuar y entonces no sirve quedarse con el miedo atorado, así que el diálogo no debe abarcar sólo lo superficial y anecdótico (ponle un tache al “¿y a ti dónde te agarró el temblor?”); la vida sigue y los proyectos no pueden limitarse a recibir ayuda (y una tache más para “¿ya viste lo que va a hacer el gobierno por los damnificados?”); la vida y todos sus recovecos nos esperan y entonces hay que aprender de la calamidad, y si la piedra parece estorbo u obstáculo, pues hay que convertirla en base y cimiento para volver a construir (y una súper tache a “¿ya te enteraste del supermegaterremoto que viene?”)… EN MEDIO DE LA MILPA los campesinos luego ponen un espantapájaros y yo no sé qué tan efectivos sean esos monigotes, pero los veo como un buen intento para preservar la cosecha; y llego a pensar que nos hacen falta espantajos parecidos para ahuyentar a todas las aves de mal agüero, ésas que se quedan en la catástrofe y no ven hacia el futuro, ésas que vuelven a sacar de la tumba a Nostradamus haciéndole decir lo que no dijo, ésas que soban y soban las profecías de la gran pirámide (puros choros mareadores) y hasta son capaces de manipular el libro del Apocalipsis con tal de sembrar pánico… APRENDO DE LA GENTE sencilla, allá en el campo, que ahora se ha visto socorrida con latas de atún y alimentos en conserva: “Mire joven, nosotros nunca comemos enlatado, porque aquí en el campo todo es fresco: hay aguacates y quelites, vamos al monte y encontramos hongos, el pollo lo matamos el mismo día que lo comemos, con el maicito que Dios nos socorre pues hacemos tortillas del diario; pero ahora que nos traen todo esto, pues lo vamos a aprovechar”… QUÉ LES PARECE SI vamos organizando una colecta permanente, pero que no sea sólo de dineros y/o víveres; vamos colectando lo que no se acaba, lo que no se dañará con la inundación ni se caerá con el sismo; vamos colectando y distribuyendo lo que más y mejor nos hace falta: confianza, cercanía, buenas palabras, el saludo sincero al vecino de siempre, la cortesía y el respeto en las escaleras del condominio, la limpieza con la propia mascota para no incomodar a nadie… QUE LES PARECE SI vamos colectando y distribuyendo lo que es gratis pero luego nos cuesta mucho: el perdón a las ofensas, los oídos sordos a los chismes, la boca cerrada a la crítica, la mano solidaria con el anciano o la madre soltera, los ojos atentos a la belleza, los pies veloces hacia la paz, el celular guardado mientras comemos acompañados, la tele con horario bien medido y más tiempo al diálogo conyugal, las tardes de domingo con un juego familiar, la cena del sábado preparada entre todos; hagamos -¡sí!- una buena colecta que no se acabe…

Ad