Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

SIN QUE LA PRISA Y LA SOLEMNIDAD entren en conflicto, estoy muy cierto que ahora mismo debo hacer una juramento público, abierto, claro y directo, que no deje lugar a dudas, sospechas, conjeturas o falsas suposiciones, así que pónganse serios un momento: Juro ante todos mis lectores, de hoy mismo y de cualquier otro día, que al momento de escribir estas líneas no me he muerto, que sigo vivito y coleando como el común de los hijos de Eva, en este lindísimo mundo que Dios nos dio como paraíso aunque nos afanemos en llenarlo de cochambre y mugre, de hollín, serrín u orín… A COMO VA EL RUMBO de este mundo y sus entornos inmediatos (no más allá de la biósfera), ya cualquiera me podría haber dado por muerto, petateado, enfriado o habiendo colgado los tenis; motivos y razones no faltan, pero la contundencia de la vida aquí está: Aquí Estoy, y lo estoy diciendo yo… EL MARTES PASADO (2 de octubre) se cumplió medio siglo de una situación que ojalá nunca hubiera sucedido, pero los hechos ya fueron, y sus causas, orígenes, circunstancias son irremediables e irremplazables; lo que nos queda es seguir poniendo atención para que ni unos ni otros ni aquellos ni nadie (cualesquiera que sean los generadores de conflictos y querellas) tomen el camino de la violencia, ni institucional ni callejera, ni oficial ni anónima, ni pública ni privada… VIENE A SER BELLA COINCIDENCIA que a cincuenta años de aquella herida nacional, sea la Iglesia Universal la que está reunida en Roma en ambiente de Sínodo de los Obispos, y justamente para reflexionar sobre los jóvenes, sobre la fe y el discernimiento vocacional, es decir, sobre el rumbo existencial y trascendente que debe asumir cada joven en el camino de su crecimiento… LOS QUE YA SOMOS VIEJOS (y los que ya estamos cerca de serlo) tal vez tenemos el tesoro de la experiencia o el conocimiento acumulado, pero todo eso sería poco sin el ardor y la pasión de la juventud, sin la ilusión y la esperanza de quien tiene mucho futuro por delante; retomo la comparación de los dos pulmones con que respiramos: uno de esos pulmones son todos los que ya cumplieron más de quince (jóvenes de estreno y de dos o tres vueltas) y otro pulmón son todos los que esperan llegar a más de los que ya tienen (aunque se autonombren de la tercera, cuarta o quinta edad)… ADEMÁS DE OTROS SENTIMIENTOS, me dio gusto que en las manifestaciones del martes hubo variedad, tanto setentones lo mismo que quinceañeros; también me emociono al saber que muchos de los participantes estaban ahí no por mera afición a la protesta, no por inclinación genética al grito y a la marcha, no por clientelismo ni acarreados, sino por una profunda convicción de que todo puede ir mejor: esa es la verdadera y auténtica juventud, y ahí está la verdadera y auténtica senectud… SÍ, AFIRMARÉ CON TODAS sus letras que entre los jóvenes no deben consarse sólo los que tienen pocos años, sino más bien los que tienen muchas esperanzas y sanas ilusiones; y entre los viejos no deben contarse los que ya acumularon horas extras, sino más bien los que no pierden las ganas de vivir y de servir, que de esos viejitos yo también quiero ser… SERÍA UNA GROTESTA contradicción ver a un joven amargado, sin emoción, sin oportunidades, sin ganas de avanzar; también sería terrible ver a un vejete con ojeriza permanente y sin sentido, con muina indómita e irrremediable (o irremediablooo), que vivir así de plano no es vida y a nadie se le desea… UNA HERMOSA SINFONÍA la que se hace en el equilibrio sano y vivificador de quien crece (jóvenes) y de quien ya está crecidito (no tan jóvenes), la que se construye con la argamaza de la iniciativa nueva y la roca sólida de la experiencia probada; así que cambiemos aquel dicho y ahora que resuene algo así: “Ni tanto que avejente al santo, ni joven que lo no alumbre”, o sea: queremos viejos con ganas de vivir (¡y bien!) y jóvenes con ganas de servir (¡y mejor!)… SI LOS OBISPOS EN ROMA o los políticos y etcéteras de nuestro país no le apuestan por ambos frentes (jóvenes y viejos), ni para qué servirá el pasado de hace 50 ó mil años, y ni para qué nos asomamos al futuro próximo o lejano; y no me aguanto las ganas de recordar lo que dijo Jesús: “Por eso todo escriba que se ha convertido en un discípulo del reino de los cielos es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas” (Mt 13,52)… USTEDES DISCULPARÁN SI ACASO el juramento que hice al inicio sólo los distrajo, pero era necesario sentirme vivo y feliz de tener los años que tengo aunque parezca que son menos, y de sentirme útil y emocionado a pesar de los años que me faltan en este mundo que por más que le hagamos sigue siendo un hermoso y fascinante paraíso…

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