Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

CON EL LIBRO DEL GÉNESIS en la mano (y también en el corazón) afirmamos que Dios creó todo lo visible y lo invisible en seis días y al séptimo –sencillamente- descansó; ahí está una de las afirmaciones más bellas, contundentes y profundas de toda la existencia de todo ser inteligente, de éste y de cualquiera de los mundos posibles, y para toda vida semejante a la humana en ésta o en cualquiera de los miles de millones de galaxias de éste o de todos los universos posibles… ¡ÚJALE!, SOSPECHO QUE YA la regué al decir: “todos los universos posibles”, pues el concepto en sí mismo abarca la totalidad de todo cuanto existe, es decir, la materia, la energía y su duración medida (el tiempo, pues); así que corrijo y el único universo real y posible es el que estamos habitando… CON LA EMOCIÓN DESBORDANTE en el corazón –y un profundo suspiro en el pecho- llegamos a decir a la persona amada: “¡Nunca te olvidaré!”, y al rato llega el señor Alzheimer o algún pariente suyo que ande por ahí despistado y fueron palabras que se agotaron; ¡cierto!, tienen su valor específico pero a nadie se le ocurre tomarlas al pie de la letra sin más; quien lea el libro del Génesis o diga tales palabras de amor sin suspirar profundamente, sencillamente ya se está equivocando… SIGO IMAGINANDO LA ACCIÓN creadora de Dios, cuyo resultado es este Universo que con enorme afán y precisión nos quieren explicar los científicos (¡muchas gracias por tanto esfuerzo!) y sigo suspirando más todavía por el séptimo día, el del descanso y la vacación, pues es ahí donde la creación toda se pone a nuestro disfrute y placer, es con el descanso que viene la contemplación y la alabanza, es con el descanso que viene el encuentro y la fiesta, es con el descanso que la humanidad es completa humanidad-completa… EL TRABAJO TIENE SU LUGAR y su tiempo, su necesidad y su urgencia, tiene su sentido y dignidad, pero el descanso es complemento que nos abre a un Universo diferente al que contemplan nuestros ojos y el que quieren dominar nuestras manos; digamos que el descanso es un Universo hacia dentro de nosotros mismos para completar la imagen y semejanza con que nos adornó el Creador; el que no quiere ni sabe ni aprende a descansar, sencillamente no se parece a Dios… LEJOS PERO MUY LEJOS pensar que el descanso sea simplemente “no hacer nada”, no; eso es holgazanería y ociosidad, eso es querer vaciar de sentido y dignidad el tiempo y la materia, la familia y la sociedad, el pasado y el futuro; el auténtico descanso es tomar respetable distancia del trabajo necesario -y también respetable- para que el espíritu se solace y se renueve; el auténtico descanso nos llevará a encontrar otro mundo sin salir de casa, a hacer de este mundo nuestra casa, a hacer de la propia casa –o de la ajena- un Nuevo Mundo como el descubierto por el Genovés allá en 1492… AFIRMAMOS CON TODA EMOCIÓN y con un profundo sentido de trascendencia que Jesús “descansó en el sepulcro” y -pregunto yo- ¿qué sucedió después del descanso?, ¡pues resucitó!; en efecto: RE-SU-CI-TÓ, o sea, que luego de los trabajos y fatigas, luego de cumplir su misión y llegar hasta el extremo de la muerte en la cruz, Jesús reposó en el sepulcro y de ahí nos vino la redención total, plena, universal, eterna, ¡guau!, y ¡requete-guau!… EL DESCANSO AUTÉNTICO no es inactividad ni pasividad, no es tirarse de panza y que el mundo siga girando, no; el descanso real es sosiego de nuestras preocupaciones habituales para apreciar la belleza (de todo tipo y medida), el descanso real es reposo de las ansias locas que nos traen ciscados en el trajín arremolinante de todos los días para darnos cuenta que hay que trabajar (y descansar) para vivir y no vivir para trabajar y trabajar y trabajar… DIOS DESCANSÓ DE SU CREACIÓN al séptimo día y miren la chulada de Universo que nos dejó; Dios mismo sigue trabajando (así lo afirmó Jesús en el evangelio de San Juan 5,17) porque sostiene con su Providencia todo lo creado, pero también se da su rato de sosiego para que luzca su Señorío y su Responsabilidad, para mostrarse Padre y Rey, Dueño y Servidor de todos, Omnipotente y Misericordioso… TAL VEZ NO ME CREAS pero de las tantas y tantas fotos que le han tomado a Dios (y hasta en las “selfis” que también acostumbra desde siempre), en donde mejor sale es cuando anda de vacaciones, de descanso, pues suele encontrarse con sus hijos, acostumbra salirles al camino para acompañarlos, frecuenta las plazas y los parques para estar cerca de ancianos y menesterosos, de cada en cuando se asoma a las prisiones y da consuelo; también cuando descansa se le ve por hospitales y hasta en tabernas de toda ralea y/o alcurnia… LO DIRÉ DEL SIGUIENTE MODO y me iré a descansar: cuando Dios trabaja se dedica al Universo que vemos –enorme, bello, fascinante, esplendoroso-; y cuando Dios descansa se dedica a los otros Universos personales y únicos, interiores y profundos –también enormes, bellos, fascinantes y esplendorosos- en los que se encuentra con toda la bola de sus hijos, que como Jesucristo su Hijo Único, están llamados a re-su-ci-tar luego de todas las fatigas y trabajos de este mundo; (me disculpan, pero me voy a ensayar mi descanso eterno con la poca vacación que aún me queda)…