Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

POR HOY NO ME VIENE a la cabeza otro tema para abordar que el tema del parto, sí, leíste bien: del hecho de parir, de dar a luz, de “expeler en tiempo oportuno el feto que se tenía concebido”, según define el diccionario de la lengua española; y haré la aclaración de que ni soy médico, ni matrón, ni nada por el estilo… TE PUEDO COMPARTIR QUE en una ocasión asistí al parto de seis cachorros de una perra pastor alemán: yo estaba rayando mi primera juventud (a estas alturas ya perdí la cuenta de cuántas juventudes llevo) y aquel hecho marcó muy positivamente mi horizonte humano: ver el instinto perruno-maternal, constatar la confianza de aquella canina en este homínido que más bien era mero espectador que apoyo, mirar cómo la tensión propia del momento fue superada por la atención estable de aquel animal (y sigo hablando de la perra, por supuesto); el resultado es que yo aprendí en carne ajena una lección enorme para mi propio espíritu… PRECIOSA EXPRESIÓN COLOQUIAL para nombrar el momento del nacimiento es “dar a luz”, y quien ha sido madre jamás olvida que su trabajo de parto fue precedido con el embarazo lleno de esperanza y riesgo, y que luego –en el puerperio- los cuidados han de continuar con el cariño, la precaución, las atenciones de todo tipo: higiénicas, afectivas, familiar, ¡ah!: una luz que inicia debe cuidarse a todo dar… QUE NOS PRESTEN LAS DAMAS su cualidad exclusiva como madres para decir que todos los varones y la humanidad entera –en sus muchos niveles gregarios– estamos constantemente pariendo: dando a luz una ciencia, un trabajo, una idea, un descubrimiento, una solución a la guerra, un camino para el diálogo; damos a luz lo que estaba oculto y sirve para continuar la vida; damos a luz lo que se había concebido en la fantasía, en la emoción, en la necesidad, en el ideal; bueno, hasta el libro del Génesis enseña al inicio de todo que Dios dijo: “Hágase la luz”, y hubo luz… QUE ME SIRVA EL TEMA del parto para hablar también de la Cuaresma: en efecto, este tiempo litúrgico es preparación, es gestación, es avanzar hacia la vida, es abrirse a buenas novedades a pesar de los riesgos y peligros de todo tipo; mientras que la Cuaresma dura 40 días, el periodo común para el embarazo es de 40 semanas; la Cuaresma perdería su sentido si no nos prepara para la Pascua, y la gestación humana no tiene mejor y ni más feliz conclusión que un saludable nacimiento, y si por angas o mangas fuera difícil el parto, aún así es posible superar y rebasar tanto riesgo… Y NO QUIERO HABLAR sólo de la Cuaresma y del parto; quiero seguir abriendo los ojos a tantas iniciativas, procesos, tareas, encomiendas que constantemente tenemos entre manos: en ellas siempre hay un antes y un después, hay tentaciones y peligros, hay posibilidades de error, ¡pero también muchas oportunidades de acierto!; y si en la Cuaresma estamos especialmente invitados a la práctica de la limosna, de la oración y el ayuno, yo creo que en las demás tareas cotidianas también hemos de poner generosidad, atención y esfuerzo… DEJA QUE SIGA CON EL REFLEJO de estas tres palabras y entonces diré que la limosna no es dar lo que te sobra (¡eso es muy poco!) o lo que el otro necesita (¡eso ya es mucho!), la auténtica limosna es la apertura del corazón que sencillamente busca dar como Dios mismo lo hace: por puritito amor; y la oración no es sólo la repetición de plegarias (¡eso ya es algo!) ni la súplica a Dios por lo que necesitamos o la gratitud por lo que nos concede (¡eso ya es más!), la auténtica oración es el encuentro atento y dócil a la voluntad divina que siempre nos salva; y el ayuno no puede quedarse en la privación de alimento (¡mal ahorro!) ni en la autosatisfacción de quien se cree bueno (¡peor gasto!), el ayuno auténtico es el esfuerzo para lograr abrirnos a la fraternidad manifestada en la participación de los bienes materiales que Dios da a todos sus hijos… POR FAVOR, PERO POR FAVOR, pon limosna, oración y ayuno a todo lo que hagas en esta Cuaresma; es decir, pon generosidad, pon atención, pon esfuerzo y todo lo que veas que hace falta para tener un parto de aquellos que a nadie espanten y que a todos nos den vida; o dicho de otro modo: el mejor parto-Pascua será aquel que estuvo precedido por un cuidadoso embarazo-Cuaresma… POR AHORA ANDO CON ALGO de prisa porque tengo una cita médica (nada gestacional, que quede claro) y quiero pedirte otro favor: en la Iglesia Universal y en nuestra amada Arquidiócesis también se están procesando acontecimientos que en su momento saldrán a luz; en tu familia y en la mía se estarán viviendo momentos especiales que nos han de dar vida y tal vez los sufrimos como con dolores de parto; en tu crecimiento personal y en el mío ciertamente estamos a la expectativa de bellas y grandes novedades; pues te pido tu limosna (generosidad), tu oración (atención filial) y tu ayuno (esfuerzo fraterno) para que todos vayamos adelante hacia un parto-Pascua como Dios manda, que si lo manda Él, seguro es porque quiere darnos Vida y en abundancia… TERMINO DICIENDO QUE la transición en la dirección de la Oficina de Comunicación Social (¡Gracias P. Hugo Valdemar!, ¡Bienvenida Marilú Esponda!) la hemos vivido el pasado martes 13 de febrero como un terso y gratificante parto que a todos –sin duda– nos seguirá dando a luz…