Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

PARECERÍA SER UN IDEAL que la vida transcurriera sin sobresaltos, problemas, adversidades y todo tipo de preocupaciones; parecería que el modelo que se nos ofrece es cada cual tenga un cuerpo perfecto, una alimentación exquisita, un descanso constante, una juventud perpetua, una casa de 10, un auto de lujo a la puerta, vacaciones con todo pagado y una chequera inagotable… UNA SITUACIÓN ASÍ no va más allá de ser fantasía, ilusión, aburrimiento total; si bien anhelamos todas las comodidades posibles, creo que aunque fueran pocas se disfrutarían mejor cuando las hemos ganado a pulso, cuando ha sido resultado del trabajo honrado, cuando no estuvimos esperando ganar la lotería o que nos heredaran la mitad del mundo, cuando lo poco o mucho que tenemos lo podemos compartir… TE RECOMIENDO QUE abras tu Biblia y leas con atención el capítulo 12 del Evangelio según San Lucas (12, 13-21), es la parábola del rico insensato; en unas pocas líneas Jesús nos previene contra la avidez, la acumulación de riquezas materiales, porque –en definitiva- terminan aprisionando el corazón y alejándonos de los demás… EN DÍAS PASADOS vi la película titulada “La Tortuga Roja”, de dibujos animados y sin una sola palabra en toda su proyección (¡oh!), y la recuerdo porque el personaje principal termina por perderlo todo y enfrentado a su entorno y su natural decurso, lejos -¡muuuuy lejos!- de lo que nos sucede a más de la mitad de la población mundial que vivimos en ambientes urbanos… UN HOMBRE DE CAMPO cultiva su tierra, pastorea su rebaño, recolecta frutos, hongos, leña, flores, aprovecha los recursos de su entorno y respeta lo que la naturaleza le da; por el contrario, en la ciudad se trabaja y se trabaja y se trabaja para tener más y más y más, acumulamos en el refri, en la alacena, en el clóset, en la azotea, en la cuenta bancaria, y en donde más se pueda… ¿ACASO PODRÍAMOS CALIFICAR como enfermedad el hecho de estar acumulando sin medida?; la respuesta es; ¡sí!, y los médicos especialistas en este tipo de enfermedades psicológicas arguyen que se trata de un estado de depresión, de ansiedad, de inseguridad o insatisfacción (¿y quién se podrá decir libre de alguno de estos síntomas?); de hecho, un plus a este tipo de conductas se le ha llamado “Síndrome de Diógenes”, aludiendo a un filósofo griego… EL SEÑOR DIÓGENES –con apellido “de Sinope”, muy diferente a Diógenes Laercio que fue historiador- renunció deliberadamente a toda comodidad (¡lo pintan viviendo en un gran tonel y en estado de indigencia!) y a todo contacto humano; su estilo de vida quiso ser una dura crítica a su entorno social pero –aquí entre nos- creo que se le pasó la mano… SI YA HICISTE LA LECTURA que te recomendé, ahora ve al Evangelio según san Mateo (6, 19-21) en donde Jesús nos invita a vivir en una sana confianza en la Providencia Divina, a no acumular lo que la polilla se va a comer y el ladrón se robará; en donde nos invita a poner el corazón en lo que dura y vale para siempre, para siempre, para siempre… TE VOY A DAR UN PAR de recomendaciones que yo mismo intento poner en práctica: 1) vacía de cada en cuando tu refrigerador, tu botiquín, tu ropero, tu buró, tu escritorio y te darás cuenta de que se van acumulando chácharas, triques, recuerditos, tiliches que de plano ya no utilizarás y son un rotundo estorbo; 2) en tu cama, con toda paz y conciencia y antes de dormir, envuélvete en una sábana o cobija como si estuvieras amortajado, listo ya para la tumba… ¿Y LUEGO QUÉ?, pues sin duda te darás cuenta que es mucho lo que nos sobra y muy poco lo realmente indispensable; pero -¡abusado!- te diré que este ejercicio funciona cuando estás en paz, cuando quieres poner atención a tu propia existencia y su mejor realización; si sólo lo haces como travesura, pasatiempo o diversión, pues no dejará de ser travesura, pasatiempo y diversión; entonces de nada servirá… SI ESTE PAR DE SUGERENCIAS lo acompañas de un momento de reflexión y oración, yo te aseguro que ganarás paz y tranquilidad, que renovarás tu aprecio por la compañía y presencia de los demás, que agradecerás a Dios por tantas cosas bellas que te da para compartirlas y no para acumularlas; te darás cuenta que la verdadera alegría puede venir cuando somos capaces de compartir y tenemos poco a qué aferrarnos en este mundo… A MÍ PERSONALMENTE me cuesta mucho hacerlo pero me atrevo y llego a tener ventaja; déjame decirte que hace unos días vi en redes sociales un mensaje que tiene como protagonista a Steve Jobs, el fundador y dueño de la marca Apple (¡carísima, por cierto!), en donde él mismo afirmaba que todo su dinero no le servía para librarse del cáncer de páncreas que le llevó a la tumba; yo espero que en vida haya disfrutado enormemente por haber servido a todos sus semejantes… ÚLTIMO RECORDATORIO para que participes en la Noche Santa: viernes 25 de agosto, de 19 a 23 hrs., en la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis de México, ¡te esperamos!…

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