Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

“VEN, VEN SEÑOR, no ta-ardes, ven-ven que te espera-amos; ven pro-onto, Señor”; así es como cantamos durante todo el Adviento, y ya entrados en “las posadas”, pues nos regodeamos con el estribillo de “E-en nombre-e del cie-e-elo”; y en esos versos y tonadas ponemos la emoción de la Navidad ya próxima… Y ME PARECE QUE la celebración de la Navidad es el acontecimiento que más cantos populares ha suscitado a lo largo de siglos, culturas, países, regiones, lenguas, etc.; y tal abundancia de cantos es porque el nacimiento de Jesús es el corazón y la razón primera y última de la Navidad; en otras palabras: sin Jesús no hay Navidad, sin Jesús todos los foquitos y árboles, todas las piñatas y esferas, todas las cenas y conciertos se quedan en espectáculo, en consumismo, en puro ruido y bluf sin otro sentido que la superficialidad… QUIENES CREEMOS en Jesús tenemos un desafío muy especial en lo que se refiere a la Navidad: seguir poniendo a Jesús –nacido para nuestra salvación- en el centro y culmen de todo festejo navideño; y lo que digo parecería innecesario, pero hay que darnos cuenta que se corre el riesgo de dejar vacía la Navidad… EN LA BELLA ISLA de Cuba por casi cuarenta años se prohibió la celebración del Nacimiento de Jesús; las autoridades comunistas alegaban que era una fiesta burguesa, invento de los curas, que era un ardid más del diversionismo ideológico; ¡hasta se dio un alto grado de persecución “socio-política” contra quienes celebraran la Navidad!… CUANDO EL PAPA San Juan Pablo II visitó Cuba, el gobierno flexibilizó su política y dio el 25 de diciembre como día festivo: y a partir de ahí se han dado más acercamientos entre los dirigentes cubanos y los obispos, entre la revolución y la Iglesia; podríamos decir que Jesús nuevamente nació en Cuba, a pesar de todo… HEMOS DE INSISTIR en poner a Jesús como centro y culmen de la Navidad, pues con los intereses mediáticos y comerciales, con el consumismo alienante y con la banalización de tradiciones y valores, pues hay quienes llegan a pensar que Santa Clós o el pavo relleno son lo indispensable en Navidad… CASI SIN SOSPECHARLO estamos llegando a extremos grotescos, y ahí te va un dato como para amargarte la tarde: en Europa (y concretamente en España) ya están eliminando el nombre de Jesús en los villancicos tradicionales vascos y en lugar de decir que ya llegó la Navidad, sencillamente hay que alegrarse porque “el invierno ya llegó”… LAS SUPUESTAS RAZONES que se arguyen son un falso respeto a las diferencias culturales y religiosas de los habitantes: “es para no herir la sensibilidad de musulmanes y ateos” dicen por una parte; otros señalan que se debe abordar la Navidad “sin ningún contenido religioso”; bueno, también en Inglaterra se ha ido acuñando el término “Winterfest” que sería algo así como “Invernifiesta”, y el objetivo parece que es no hablar del nacimiento de Jesús en Navidad… NO NOS QUEDEMOS en la queja y no dejemos que nos amarguen la mañana, la tarde o la noche; manos a la obra y a insistir en la importancia y prevalencia del “Nacimiento” más que del árbol navideño, más Santos Reyes y que el viejito-rojo-gordo se vaya definitivamente a descansar en paz, más villancicos con Jesús (Duerme y no llores, Jesús del alma) y ya no más el “Jingle Bells” cuya traducción sería más o menos así: “Suenen campanas, ¡qué bonito es pasear en trineo de un solo caballo!”… “LOS PASTORES A BELÉN corren presurosos”, y así nosotros hemos de acompañarlos: con prisa y alegría, hasta que se nos rompan los zapatos; vayamos con la pam-pam-pam, con la de-de-de, y con todo lo que haga falta; no perdamos de vista el objetivo que es encontrarnos con Jesús, en brazos de María, en compañía y protección de José; si llegas al portal y no hay burro, no te preocupes (¿querrás ponerte en su lugar?), si llegas a Belén y no  ves al buey, no te angusties (pero tampoco te pongas en su lugar, ¿eh?)… “PERO MIRA CÓMO BEBEN los peces en el río”, y ¿por qué beben tanto?, ¡por ver al Dios Nacido?; así son los auténticos villancicos, que nos recuerdan a Jesús Niño, a Jesús con María, a Jesús con José que le cuida haciendo las veces del Padre Eterno; y hablando de San José, yo me pregunto qué habrá sido lo que le cantó a Jesús para arrullarlo y que conciliara el sueño: ¿habrá alguien entre los lectores que tenga la respuesta?, si es así, pues les pediría que me mandaran una grabación, porque luego me viene el insomnio y no espero oír a San José (¡ya estaría yo medio loquito!); de lo que sí estoy seguro, es que cuando pienso y hablo del Carpintero de Nazaret siento su cercanía y me recuerdo que Dios le hablaba en sueños… Y CASI TENGO LA CERTEZA que primero se dormía José -muy cansado por la jornada- y el Niño Jesús era quien le miraba dormir, quien le agradecía con sus vagidos el cuidado paternal, la cercanía con María, y su valentía para enfrentar los retos y dificultades propios de los “Humildes peregrinos: Jesús, María y José, mi alma doy por ellos, mi corazón también”…

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