Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

AMANECÍ CON UN LEVE –pero serio- dolor de cabeza; desconozco la razón y no quiero suponerla, estoy cierto que pasará aunque no sé cuándo, no me quiero angustiar ni complicar nada pero luego lo logro sin quererlo, me recomiendan como veinte remedios pero no acepto ni uno solo, que si tomaré un paracetamol de 500 mg o mejor dos, que si mejor me hidrato debidamente y me tranquilizo, busco un poco de reposo y evito el estrés… SEÑORAS Y SEÑORES, niños y niñas, público en general: a toditos nos llega a doler la cabeza o los pies, la muela o el estómago, las anginas o tantito más allá, y finalmente cualquier dolor es un aviso de que algo, alguito o algote, no está funcionando del todo bien en el cuerpecito que Dios nos dio… LA SOLUCIÓN AL DOLOR de cabeza -o de lo que sea- no es la indiferencia valentona del “ahora te aguantas” (dejando pasar semanas y meses sin atenderse) ni tampoco la exageración y angustia del hipocondríaco más obsesivo que se atreve a zamparse media farmacia en un cuarto de día; más bien como dice el refrán popular: “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”… EL DOLOR ES PARTE DE LA VIDA pero como una señal, como un aviso y así hay que asumirlo; y sucede algo semejante con el dolor producido en el ánimo por la pérdida de un ser querido, o por la ausencia de la persona amada, por la frustración o el desengaño: es un aviso de que las cosas deben estar mejor, de que los pensamientos y razones deben estar claros y definidos, firmes y precisos… AQUELLA SEÑORA QUE YO VI como de 25 años multiplicados por tres y un leve aumento como de cinco más, me pidió que fuera a visitar y atender a su mamá que estaba enferma y en cama (haz bien tus cuentas y la mamá ya rayaba el siglo); y lo que me llamó en demasía la atención es que me suplicaba que yo le pidiera a Dios para que “no se llevara a su mamá”, porque –decía la doña-: “Me voy a quedar solita y ¿qué voy a hacer sin mi mamá?”… YA ESTARÁS SUPONIENDO –querido lector- todo lo que vino a mi cabeza y lo que me dieron ganas de decirle a la mentada Doña; y para que no pienses de más (que por pensar de más luego pensamos mal), sencillamente te diré que se hizo un recuento veloz de la situación de la mamá (achaques, carencias y dolencias), y le pregunté a la hija: “¿cuántos años más quieres que Dios te la deje tener así?, ¿cinco, diez, veinte, treinta???… PUEDO DECIR QUE aquella señora que me pidió atención para su mamá se estaba inventando un dolor innecesario, que tenía el egoísmo inflamado, la soledad hinchada, la preocupación escoriada, la angustia con fractura de segundo grado, y la soberbia contusa y –por tanto- con hipersensibilidad y rechazo a cualquier medicamento, remedio o solución… POR SUPUESTO QUE UNGÍ con el Santo Óleo de los enfermos a la mamá cuasi-secular, y en mi interior le pedí a Dios que –siendo Dios- por favor siguiera haciendo su Santa y Divina Voluntad, que a fin de cuentas no estamos para pedirle cuentas ni para pedirle o exigirle que cumpla nuestros antojos, y casi que menos para imaginar que enderezará nuestros jorobados caminos… QUE POR FAVOR LEVANTEN la mano todas las personas sensatas que estén leyendo estas líneas, y si en verdad lo son coincidirán conmigo en recordar lo que dijo Jesús: “Dejen que los muertos entierren a sus muertos” (Lc 9,60); y lejos de las muchas especulaciones en torno a esta sentencia que suelen hacer los que dicen que saben, yo me quedo en el sencillo entendimiento que hemos de poner las cosas en su lugar, que te dediques a lo que es de tu incumbencia y necesidad, que no te enfrasques es lo que ya no vale, que no le busques más ruidito al chicharrón… “TÚ VE Y ANUNCIA EL REINO DE DIOS”, añade Jesús a lo ya dicho y en eso debemos poner atención, pues la vida se nos ha dado para vivirla con sentido y entrega, la vida es para los vivos, la vida es para enfrentar y solucionar lo importante, lo valioso; y en el caso de la mujer aferrada a rechazar lo inevitable, simplemente entendió que debía darle gracias a Dios por los casi ochenta años que contó con su madre, y que ahora debía darle vuelta a la página para continuar con su propia historia… ACABA DE PASAR EL DOS de noviembre y si tú eres de los que acostumbran ir al panteón esos días, pues ¡qué bueno!; pero más bueno será que el resto del año sigas haciendo presente y vivo lo que aprendiste de quienes se adelantaron en el camino a la eternidad, que de otro modo, pues no acabaremos de enterrar a nuestros muertos… POR CIERTO Y SIN QUE OBSTE cosa alguna para terminar esta página: escribiendo lo que escribí y reflexionando junto contigo, hasta el dolorcito de cabeza se me quitó, se me espantó o sencillamente ya no supe nada de él; y como en la ofrenda del día de muertos coloqué calabaza en tacha, pues la disfrutaré como bien vivito que todavía estoy…

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