Ángelus Dominical

P. Eduardo Lozano

 

ES MUY PROBABLE QUE HOY –domingo 29 de octubre del 2017- te hayas sentido un poco más joven al amanecer, te habrás sentido -para ser exactos- justo una hora más nuevo que ayer, pues con el cambio de horario se retrasó la medida del tiempo y hay una hora menos en lo que llevas de vida; pero ni te alegres tanto porque al término de la jornada ciertamente lo habrás olvidado y el asunto no pasó a mayores… ENTRE LAS FANTASÍAS recurrentes –y relativamente recientes, por cierto- a diversos y múltiples estratos socio-económicos, culturales, políticos y demás etcéteras de nuestra inveterada humanidad, está la de poder “viajar” en el tiempo; rápido dejemos la fantasía y vayamos a la realidad, entonces les diré que yo me estoy preparando –a conciencia- para uno de estos viajes en el tiempo… SI MI MEMORIA NO FALLA, recuerdo haber visto –en blanco y negro, pues no había dineros para una ‘tele’ a color- algunos capítulos de aquella serie titulada “El túnel del tiempo”; era la primera mitad de los años 70’s y mi mundo infantil estaba ajeno a las naturales realidades de cada época y circunstancia; mirábamos la televisión sabiendo su gran carga de ficción y no teníamos mayor problema; ciertamente los adultos nos alertaban sobre las irrealidades de la “pantalla chica”… LAS PANTALLAS SE HAN HECHO más pequeñas y más portátiles, y casi en la misma proporción ha aumentado su índice de credibilidad: basta con ver algo repetido miles de veces en las “redes sociales” para que lo ahí dicho –aunque sea una crasa mentira- adquiera visos de realidad absoluta y verdad redonda… VUELVO A DECIR QUE “viajaré” en el tiempo y lo estoy diciendo muy en serio y con toda la formalidad que merece una columna atendida por lectores como Usted y UsteD y usted; debo hacer una maleta para el tal viaje y que sea ligera, escueta, mínima, pues los tiliches y enseres de más –como en cualquier otro viaje- sencillamente estorbarán… EN AQUELLA SERIE TELEVISIVA los “viajes” iniciaban cuando los personajes se internaban en el túnel anti-cavernícola que servía lo mismo como parte de un truco de magia que como pantalla para ver en donde andaban los tales viajeros; confusamente los recuerdo en la antigua Roma y en el Egipto de los faraones; en fin, el viaje que a mí me importa y que quiero realizar es hacia el futuro, no hacia el pasado, pues lo pasado ya pasó… SOMOS VIAJEROS TÚ Y YO y todos los que habitamos este bendito mundo, nuestro viaje es en el tiempo y tiene un sólo y único destino: el futuro; de entrada es un futuro medible en meses y años, pero que desemboca en la eternidad, es decir, en la realidad y presencia infinita de Dios en donde ya no hay ni pasado ni futuro; y si nos atrevemos a expresarlo con palabras de este mundo, pues diríamos que es un presente sin fin… PARA MI VIAJE AL FUTURO estoy preparando maletita que contenga lo que NO caduca, lo que NO hace bulto, lo que NO se pierde, lo que NO se gasta, lo que SIEMPRE es útil, lo que SIEMPRE es bello, lo que SIEMPRE es bueno, lo que SIEMPRE es verdadero; ajuarada así mi maletita la puede utilizar quien sea, cuando sea y donde sea, que finalmente es una maleta para la eternidad… LEO EN EL EVANGELIO según san Mateo, que Jesús enseñaba a sus discípulos diciéndoles: “Acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla destruye ni el ladrón puede robar” (Mt 6,20); tales tesoros –de ésos quiero llenar mi maletita- son los indispensables en el viaje al futuro que tú también (¡ya te vi!) quieres hacer… HAY VARIAS PELICULAS que juegan con “viajar” al pasado (“Ocho minutos antes morir”, 2011) o con “volver al futuro”; de hecho así se titula un popular film de 1985 que se enriqueció con una segunda y tercera parte en 1989 y 1990; al respecto te recomiendo que tengas cuidado con la supuesta “cuarta parte” que –corren rumores- aparecerá en 2018 -¡puros cuentos!-… NUESTRO VIAJE AL FUTURO –ya lo dije antes- desemboca en la eternidad, en la realidad total y definitiva de la presencia de Dios, en “donde ya no hay muerte ni dolor, sino paz y alegría sin fin”, como reza una antífona litúrgica; allá, en nuestro destino último, de donde nadie querrá ni podrá volver -de esto estoy muy seguro- está nuestro destino; o dicho con las palabras de la canción: nuestra meta está en la eternidad, así que “mi boleto no tiene regreso, lo que tengas de mí te lo doy, pero no te devuelvo tus besos”… SI CADA OCHO DÍAS me divierto escribiendo el “Ángelus”, hoy me divertí un poco más pues un joven seminarista me acompañó y ayudó a plasmar estas ideas; también diré que me llegó a desesperar porque escribe en el teclado como si viviera en tiempo de “Los Picapiedra”; a nombre tuyo le diré que se apresure a viajar en el tiempo para que escriba como Dios manda y la tecnología –sin dejar a un lado las habilidades personales- lo permite… POR CIERTO Y PARA QUE no quedemos fuera de tiempo: eso de que la historia se repite como si fuera una rueda de la fortuna, o eso de que podemos “adivinar” el futuro como si ya existiera, ¡por Favor!, eso si tómatelo a broma y mera fantasía…

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