Amor por México

  • Hoy más que nunca, México necesita estar unido. ¡Ese es nuestro desafío mayor! ¡Nuestro compromiso con la patria y con la grandeza de su historia!

DLF Redacción

En días recientes, la Secretaría de Relaciones Exteriores dio a conocer que ofreció al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, toda la ayuda y colaboración de las instituciones mexicanas para superar los daños ocasionados en el estado de Texas por el huracán Harvey. En respuesta a este gesto de solidaridad, México ha seguido recibiendo denostaciones por parte del mandatario estadounidense, así como la amenaza constante de echar abajo el TLCAN en caso de que sus intereses no prevalezcan en las mesas de negociación, y su humillante insistencia en que nuestro país pague un muro fronterizo que los mexicanos no queremos construir.

La mano poderosa de Estados Unidos hoy se levanta en actitud intimidante contra nuestra amada patria, sabiéndola una sociedad dividida, fragmentada, encajonada en batallas intestinas por afanes de poder, trabada en luchas ideológicas entre grupos de izquierda y de derecha, de derecha y de centro, de centro y de izquierda; entre “liberales” y “conservadores”, entre “conservadores” y “conservadores”, entre “liberales” y “liberales”; entre unos y quienes no piensan como ellos, y entre ellos y quienes no están de acuerdo con el catálogo completo de ideas de los otros. ¡Hoy más que nunca, México necesita estar unido! ¡Ese es nuestro desafío mayor! ¡Nuestro compromiso con la patria y con su grande historia!

Este mes de septiembre es una oportunidad para reflexionar sobre esta unidad tan necesaria, y para ello debemos voltear la mirada al pasado, a aquella madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando el Cura de Dolores, Guanajuato, a las puertas de su parroquia, tocó la campana para convocar al pueblo a la rebelión contra un gobierno español de ocupación. Fue así que el cura don Miguel Hidalgo, al frente de una turba mal armada, pero con un corazón valiente, se lanzó a una guerra que duraría once años. Rumbo a San Miguel (hoy San Miguel de Allende), pasaron por el pueblito de Atotonilco, y allí tomaron como bandera una imagen de la Virgen de Guadalupe, que vendría a ser la primera bandera del México Independiente. Y eso es lo que celebramos cada septiembre en nuestras Fiestas Patrias: el inicio de nuestra independencia.

Once años más tarde, se consumó la independencia gracias a don Agustín Iturbide, quien tuvo la virtud de saber unir a todas las fuerzas en discordia y lograr que se firmara la independencia de México; pero también el desacierto de no saber ganarse a las fuerzas opositoras cuando fue proclamado Emperador de México, y por eso hoy es considerado por muchos como un traidor. Así, firmada la independencia, comenzó una guerra interna entre hermanos mexicanos, a la que se sumaron conflictos armados por invasiones perpetradas por naciones poderosas. Los franceses nos impusieron otro emperador, quien tuvo un final trágico; y los estadounidenses nos declararon una guerra de pillaje, en la que nos robaron un territorio semejante al que actualmente tenemos.

Hoy por hoy, seguimos a la espera de que nuestro vecino país del norte tome decisiones trascendentales para ver de qué manera responder, cuando desde ya podemos comenzar a presentar nuestras armas. Pero estamos en nuestra guerra, en una guerra en la que las víctimas siguen siendo los más necesitados, los campesinos, los trabajadores, a los que se agrega la clase media, que se vuelve cada vez más pobre. Es ya momento de mostrar nuestro armamento, pero un tipo de armamento que nada tienen que ver con artefactos mortales, sino un tipo de armamento que hay que empuñar para seguir luchando por una verdadera justicia social en la paz y en la concordia.

Las armas de nuestros días deben ser la conciencia y la participación política, la participación honrada en los cargos de elección popular, el rechazo a la corrupción, el interés por ser parte de organizaciones vecinales demandantes de sus derechos, la osadía de opinar públicamente, el coraje de salir a votar durante los comicios electorales. Las armas de hoy son la demanda de mejor educación, el mantenernos informados, el ser valientes y denunciar los abusos, el proponer mejores caminos para el bienestar comunitario. Las armas de hoy son aprender a colaborar en los quehaceres del hogar, el trabajar y contribuir a los gastos familiares, el mantener limpias nuestras calles, el organizarnos entre vecinos para lograr calles seguras, el asistir a las juntas escolares y sindicales. ¡Todo lo que podamos hacer por el bien común! ¡Todo lo que podamos hacer por nuestra unidad!

Para los católicos, la bandera de esta lucha debe seguir siendo la misma: la Virgen de Guadalupe como forjadora de una patria, como signo de unidad social y racial, como impulsadora del amor a los hermanos, a los más necesitados. Tenemos un mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre” y, dentro de este mandamiento, ¡honra a tu Patria!

¡Nos espera una larga guerra, la que nos llevará a la unidad!