50 años del Pontificio Colegio Mexicano en Roma

  • La idea de fundar en Italia un Seminario Mexicano surgiò en 1928, durante el pontificado del Papa Pìo XI; sin embargo, el propósito se cristalizò tres más tarde.

 

Carlos Villa Roiz

El Colegio Mexicano cumple 50 años de que fue creado como una institución de derecho pontificio que recibe a los presbíteros diocesanos mexicanos, enviados a Roma por los Obispos, para conseguir una especialización en las Universidades e Institutos Pontificios existentes en aquel país.

Desde su fundación han cursado por el Colegio unos 2000 estudiantes procedentes de distintas diócesis de México y frecuentan distintos centros de estudio. El pasado 12 de octubre de 2016 dieron inicios los festejos por este medio siglo de existencia, y el pasado 14 de mayo de 2017, el Colegio agradeció a las universidades y ateneos pontificios, así como a los profesores, el valioso servicio que han ofrecido a la comunidad del Colegio.

Antes de la fundación del Colegio Mexicano, los estudiantes connacionales que acudían a Roma asistían al Colegio Pío Latinoamericano, por lo que existe una gran amistad y gratitud con este plantel donde se formaron numerosos sacerdotes del continente.

Pero la idea de fundar en Italia un Seminario Mexicano comenzó hacia 1928, durante la llamada Guerra Cristera en el pontificado de Pío XI, pero tuvieron que pasar tres décadas para que el cardenal José Garibi Rivera expusiera esta idea ante el Episcopado Mexicano y se comenzara a trabajar en ello.

El 12 de octubre de 1967, Día de la Hispanidad, se formalizó la fundación del Colegio Mexicano, es decir, poco después de haberse inaugurado la segunda sesión del Concilio Vaticano II que tuvo lugar el 29 de septiembre de aquel año, ya durante el pontificado de Paulo VI, quien bendijo la primera piedra de la nueva casa de formación de los futuros presbíteros mexicanos. En aquella ocasión, el Santo Padre dijo:

“Venerables hermanos y amadísimos mexicanos todos: Se bendice y se pone hoy la primera piedra del Colegio Mexicano en Roma; Nos rodea una corona de obispos –la casi totalidad de la Nación- venidos para dar su aportación luminosa y responsable a las tareas del Concilio Ecuménico; nos sentimos en estos instantes, gracias al prodigio de la técnica, en medio de nuestros queridos hijos de México: en tales circunstancias, ¿cómo no va a vibrar de júbilo nuestra alma?”

Los inicios del Colegio Mexicano fueron modestos y el proyecto inició con 40 alumnos que enfrentaron carencias materiales a dificultades administrativas para regular su estancia en Roma. Contribuyó a la consolidación de la institución; el que Pablo VI promulgara la encíclica Populorum Progresio y Sacerdotales Caelibatus; al tiempo que emprendió la profunda reforma de la Curia Romana; y convocó la I Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

“Con sentimientos de particular benevolencia y de gozo profundo nos dirigimos a Ti querido Hijo, para asegurar que en estos momentos en que se inaugura la sede del Colegio Mexicano en la Ciudad Eterna, nos encontramos espiritualmente presente en medio de nuestros Venerables Hermanos en el Episcopado, de los amadísimos sacerdotes, seminaristas y fieles que, procedentes de México…Es necesario, en verdad, entender al mundo, conocer y compartir sus problemas, sus angustias, sus legítimas aspiraciones; peo en el carácter sagrado del Ministerio del Culto y del servicio divino, ha de conservar siempre su primacía la actitud sobrenatural que se alimenta con la meditación de la Palabra de Dios y con el trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo”, dijo el Santo Padre.

Al paso de los años, San Juan Pablo II visitó el Colegio Mexicano el 13 de diciembre de 1979, e hizo una segunda visita el 24 de noviembre de 1992, año en que se conmemoraban los 500 años del inicio de la evangelización en América y el 25 aniversario de la fundación del Colegio Mexicano, cuyo mensaje se centró en torno a la Exhortación Apostólica Postsinodal “Pastores dabo vobis”. Hubo una tercera visita el 21 de mayo del 2000, después de haber canonizado a Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros mártires, y en aquella ocasión, pidió la intercesión de Santa María de Guadalupe para que acompañe siempre la vida del Colegio.

El Colegio Mexicano estaba destinado a crecer. En la zona de la Villa Doria Panfili, en el suroeste de la Roma Antigua, con domicilio en la Vía del Casaletto número 314, se consiguió un terreno con 50 mil metros cuadrados para la construcción del Colegio Mexicano, en la antigua Villa Coen que pertenecía a la Arquidiócesis de Milán. Para lograr esta obra se contó con generosas ayudas de España, Estados Unidos y Alemania.

A través de un boletín, el Colegio Mexicano informa de la creación de un nuevo logotipo cuya autoría es del Padre Juan Manuel Hernández de la Diócesis de San Juan de los Lagos, y anuncian varias celebraciones que tendrán lugar en Roma, así como la redacción de una oración escrita por el Padre Eliseo Esquivel, de la diócesis de Texcoco, y la renovación de su página web.

Muchas felicidades al Colegio Mexicano de Roma, a sus maestros, alumnos y exalumnos.