100 Metros “Rendirse no es una opción”

Antonio Rodríguez
Todo comienza cuando al intentar cerrar el puño le resulta imposible. Pero, ¿qué está pasando? Cerrar los dedos de la mano no es para nada complicado. Ignoremos el hecho. A la mañana siguiente, el mismo hombre ahora no puede ni levantarse de la silla; las piernas y los brazos nos le responden, su esposa le habla y él no contesta; al voltear a verlo, nota su inmovilidad y la imposibilidad de formular palabras. Los labios están casi pegados y los músculos de la cara apenas y se mueven.
Ya en el hospital, el resultado no es favorecedor: Ramón tiene los primeros síntomas de algo conocido como ‘esclerosis múltiple’. Eso que le sucedió se conoce como un “brote”. La médico le explica que los nervios del cerebro y de la médula están protegidos por una sustancia llamada mielina; en la esclerosis, las defensas y el sistema inmune se equivocan, atacan y deshacen dicha protección, y con ello se produce un corto circuito en los sistemas; un brote. De algunos brotes es posible recuperarse, de otros las secuelas pueden ser tan agresivas que incluso pueden provocar la pérdida de la vista.
Ramón Arroyo (Dani Rovira) se considera un triunfador; trabaja para una empresa de marketing, realiza campañas que generan millones de euros a su firma, tiene una familia acomodada y están esperando a su segundo hijo. Toda su estabilidad se ve resquebrajada de golpe cuando le diagnostican esclerosis.
Aunque en los primeros días la depresión no lo deja salir de la cama, en una de sus terapias mira un promocional sobre una carrera maratónica conocida como el Iron Man, es un triatlón famoso de Barcelona el cual consiste en realizar 3.8 kilómetros de natación, 180 de ciclismo y 42 de carrera a pie. Los médicos no creen que pueda correr si quiera 200 metros. Pero él, apoyado por su esposa e hijos, y sobre todo por su suegro gruñón, buscará lograr lo imposible.
100 metros es una película española de 2016 basada en la historia real de Ramón Arroyo. Es el debut de Marcel Barrena como director, y un buen intento por concientizar al público sobre esta enfermedad. Uno de los problemas de 100 metros es que sufre de lo mismo que la mayoría de las películas de autosuperación: sentimentalismo excesivo, a veces rayando en lo cursi, incluso hasta en la música que acompaña ciertas escenas, pues es notoria la manipulación con la que el director busca enganchar y provocar la empatía del público.
Pese a lo anterior, este sencillo filme cumple al dejar el tema puesto en la mesa; las actuaciones son convincentes e invitan a la reflexión, pero sobre todo, a enfrentar los problemas de la vida con la cara levantada y con valentía, como bien se dice en el filme: “rendirse no es una opción”.